Nosotros sostenemos que la organización tiene el deber de proporcionar al líder experiencias de desarrollo que le lleven hacia la solución de su comportamiento disfuncional.
Se lleva a cabo una polémica cuando se pregunta:
¿Pueden cambiar realmente las personas?
¿Las personas son realmente valiosas?
¿Tiene la empresa la responsabilidad de ayudar a la persona que está dispuesta a cambiar?
¿Posee la gente talentos y habilidades latentes?
¿Merece la pena que la compañía invierta en ayudar a una persona a corregir una debilidad fatal en sus competencias y habilidades de liderazgo?
Estas experiencias pueden incluir programas internos o externos, o una relación con un instructor o mentor que le ofrezca un feedback continuo que le ayude a cambiar.
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